El fútbol italiano atraviesa un momento muy difícil. El 28 de marzo de 2026, la selección nacional no logró clasificarse para el próximo Mundial por tercera vez consecutiva. Su última participación en el torneo fue en Brasil en 2014. Se trata de una cifra alarmante, especialmente para un país que ha ganado cuatro Copas del Mundo y dos Eurocopas.
Junto a la crisis deportiva de la selección, los clubes italianos también han tenido dificultades esta temporada, desempeñando un papel secundario en todas las competiciones europeas.
Este es uno de los principales motivos detrás de la necesidad y el deseo de cambio. El objetivo es proponer una reforma que permita devolver al fútbol italiano a sus años dorados.
El anteproyecto de la reforma
Paolo Marcheschi, senador de Fratelli d’Italia y responsable nacional de deporte del partido de Giorgia Meloni, además de ponente de la resolución sobre la reforma del fútbol, ha presentado un proyecto de ley. El objetivo de la iniciativa es claro: reestructurar el sector y hacerlo más estable e independiente.
El senador explicó que la propuesta no pretende sustituir a la FIGC (Federación Italiana de Fútbol) en su papel central. En su lugar, busca apoyar a la federación con nuevas ideas que permitan aumentar los ingresos y reducir los costes de gestión.
Entre los seis puntos del proyecto, destacan dos: la propuesta de restablecer la “Quota Totocalcio” y la lucha contra la piratería, considerada una “oportunidad” para la reinversión económica.
Derechos de apuestas deportivas y lucha contra la piratería
El proyecto propone recuperar los derechos vinculados a las apuestas deportivas sobre el fútbol para aprovechar la popularidad del sector. Este mercado genera alrededor de 16.000 millones de euros en volumen. La idea sería destinar el 2% del total a la FIGC, lo que supondría unos 320 millones de euros.
Según el texto, la lucha contra la piratería también podría convertirse en una fuente de financiación. Parte de los recursos provendría de las multas impuestas por la Autoridad para las Garantías en las Comunicaciones (AGCOM), el organismo italiano encargado de supervisar y regular los medios, las telecomunicaciones y las plataformas digitales.
Con este apoyo financiero, el fútbol italiano podría reinvertir en el desarrollo juvenil, la infraestructura y la lucha contra la adicción al juego.
¿Es necesaria esta reforma?
El diputado Stefano Vaccari, coordinador del intergrupo parlamentario centrado en la sensibilización sobre los riesgos del juego, fue una de las primeras voces críticas con la propuesta. Argumentó que es un error considerar el juego como una fuente de financiación para el fútbol. “Es inaceptable que parte de los recursos se destinen a combatir la adicción al juego, mientras que el origen de esos mismos recursos sigue siendo el juego. La prevención de la ludopatía debe ser una responsabilidad pública, no un capítulo financiado por el mismo sistema económico que contribuye a generar el problema”, afirmó.
Desde el punto de vista deportivo, la reforma podría ayudar al fútbol italiano a encontrar nuevas vías de crecimiento financiero. Tras años de resultados decepcionantes, existe una clara voluntad de iniciar una nueva etapa y devolver a la selección nacional a la élite, después de una progresiva pérdida de protagonismo tras ganar el Mundial de 2006.
Sin embargo, desde una perspectiva gubernamental, financiera y social, es necesario reconocer que la recuperación de los derechos de apuestas deportivas y el uso de la lucha contra la piratería como fuente de financiación son cuestiones sensibles. Estos aspectos deberían separarse del debate estrictamente deportivo, ya que el objetivo más amplio es considerar la industria de las apuestas como un sector capaz de generar crecimiento y estabilidad.
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