El uso indebido de bonos es uno de los problemas más persistentes y malinterpretados del iGaming. Se encuentra en la intersección del comportamiento del jugador, la tecnología, el diseño de las promociones y el fraude, y le cuesta a la industria miles de millones al año. Sin embargo, para muchos operadores, sigue siendo una “caja negra”, algo que saben que impacta negativamente en las ganancias, pero que les resulta difícil de identificar, predecir o gestionar.
Ed Dickerson, director de Producto de Greco (gestión del riesgo en el juego) en Fast Track, comparte sus ideas en una entrevista exclusiva con SiGMA News durante el ICE Barcelona Summit 2026 en España. Analiza cómo las tácticas para usar de manera indebida los bonos se han mantenido prácticamente iguales pese a los avances tecnológicos, por qué los datos de juego son el indicador más fiable y cómo los operadores deben pasar de medidas reactivas a decisiones más inteligentes a nivel de jugador. Advierte que controles excesivamente estrictos pueden empujar a los usuarios hacia el mercado negro y subraya que el verdadero reto está tanto en comprender el valor del jugador como en combatir el fraude.
Redes de fraude organizadas
Las mismas mecánicas promocionales —bonos de depósito, giros gratis, ofertas de cashback— siguen siendo la base de la explotación de jugadores hoy, igual que hace años. Lo que ha cambiado es todo lo que rodea a estas mecánicas.
Dickerson explica que, mediante el uso de inteligencia artificial (IA), nuevos métodos de pago y herramientas cada vez más sofisticadas, los defraudadores ahora pueden reaccionar con la misma rapidez que los operadores.
Los mercados emergentes, donde la sofisticación operativa es menor, son especialmente vulnerables. Dickerson añade: “Lo que cambia es todo lo que rodea al sistema: la tecnología, los procesos de fraude, la verificación. Y cuando hay una gran brecha en sofisticación, es cuando se producen grandes explosiones de usos indebidos de bonos”.
El juego del gato y el ratón
Los operadores siguen subestimando la rapidez con la que los defraudadores adoptan las mismas tecnologías diseñadas para detenerlos. Los sistemas de detección basados en IA ya son habituales, pero también lo son las contramedidas impulsadas por IA.
Cada vez que la industria cierra una puerta, los usuarios que explotan bonos se desplazan a otra: desde monederos electrónicos como Skrill y PayPal hasta neobancos como Monzo y Revolut; desde la suplantación básica de dispositivos hasta técnicas más avanzadas para evadir el fingerprinting. Sin embargo, en medio de todos estos cambios, hay algo que permanece constante: el comportamiento de juego.
Dickerson explica: “Siempre ha sido un juego del gato y el ratón: los usuarios que explotan bonos se mueven, los operadores los siguen, y luego los estos vuelven a moverse”.
El juego como señal real
El fingerprinting de dispositivos, la verificación de identidad y el análisis de pagos son esenciales, pero no suficientes. Según Dickerson, estas herramientas sirven principalmente para detener el fraude tradicional, no el uso indebido de bonos. Un jugador puede falsificar dispositivos, IP, identidades e incluso métodos de pago. Lo que no puede falsificar de forma fiable es cómo juega.
El comportamiento de juego revela la intención. Ya sea un usuario experimentado, un usuario ocasional que ha “descubierto el sistema” o incluso un VIP con comportamientos similares, la realidad matemática de sus acciones se mantiene constante.
Dickerson señala: “Puedes parecer completamente legítimo desde el punto de vista del fraude. Pero no puedes falsificar tu forma de jugar: la manera en que juegas siempre revela lo que intentas hacer”.
Interacción por encima de resultados
El motor de riesgo de Fast Track se centra en el valor teórico, no en los resultados. Los bonos no tienen un valor fijo: su valor cambia en función de cómo cada jugador los utiliza.
Un jugador ocasional puede convertir un bono de bienvenida al 10%, un VIP al 50% y un usuario experto al 90%. Es el comportamiento, no la suerte, lo que marca la diferencia. Los operadores pueden ahora determinar el coste real de sus promociones calculando el valor esperado a largo plazo de un bono en función de los patrones de juego.
Con el lanzamiento de True Value, Fast Track permite a los operadores gestionar su estrategia de bonos con presupuestos precisos, una mejor selección de jugadores y detección temprana.
Dickerson añade: “Un mismo bono no tiene un único valor. El valor cambia para cada jugador en función de cómo lo juega”.
Identidad y brechas de mercado
Los casinos con criptomonedas, que en su momento fueron el “salvaje oeste” del uso indebido de bonos, están endureciendo controles incentivando la verificación. Sin algún tipo de control de identidad, incluso un bono pequeño puede explotarse de forma ilimitada mediante la creación automatizada de cuentas.
Los entornos regulatorios, la madurez del mercado y la filosofía del operador influyen en la respuesta adecuada. Algunas jurisdicciones permiten la confiscación; otras no. Algunos operadores optan por la disuasión, otros por la educación.
El papel de Greco, explica Dickerson, es proporcionar inteligencia precisa en tiempo real para que los operadores puedan automatizar o escalar acciones según su propio apetito de riesgo.
Construcción de un ecosistema sostenible
Una mala comprensión del uso indebido de bonos suele llevar a una sobrecorrección. Bloqueos de retirada, requisitos de apuesta excesivos, métodos de pago restringidos y condiciones confusas perjudican a todos, especialmente a los jugadores legítimos.
Dickerson sostiene que estas reacciones impulsivas deterioran la experiencia del usuario y empujan a los jugadores hacia el mercado negro, donde la fricción es menor y la experiencia suele ser mejor.
Dickerson enfatiza: “Tanto los buenos jugadores como los malos se ven afectados. Los jugadores no dejan de jugar, simplemente se van a otro sitio”.
El futuro: señales más inteligentes, no victorias definitivas
El fraude nunca desaparece, se adapta. Los usuarios se integran utilizando dispositivos reales, cuentas bancarias e identidades, y se desplazan hacia zonas menos visibles. Los operadores que basen sus estrategias en inteligencia de juego y valor esperado, en lugar de señales superficiales, serán los que tengan éxito.
Según Dickerson: “Nunca ganas del todo este juego. Simplemente eliminas las formas más débiles de fraude y lo desplazas hacia zonas menos visibles. La clave está en saber qué esperar de tus bonos y detectar rápidamente cuándo algo no se comporta como debería”.
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