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Wall Street aumenta las restricciones a las operaciones de sus empleados por los mercados de predicción

Tony Colapinto
Escrito por Tony Colapinto
Traducido por Milagros Codo

Goldman Sachs, JPMorgan Chase, Morgan Stanley y Bank of America han revisado sus normas internas de conducta a medida que los mercados de predicción se acercan al núcleo del sistema financiero estadounidense. Las restricciones se centran principalmente en los contratos relacionados con acontecimientos financieros y políticos que podrían exponer a los empleados y a sus empresas a conflictos de intereses o al uso indebido de información confidencial.

Los mercados de predicción han entrado ya en el ámbito del cumplimiento normativo de Wall Street. Según Reuters, varios de los mayores bancos de Estados Unidos han incorporado disposiciones específicas sobre estos mercados en sus códigos de conducta para empleados. Estas medidas no constituyen una prohibición generalizada en el sector. Cada entidad ha adoptado un enfoque distinto, condicionado por su evaluación del riesgo reputacional, las operaciones personales y el acceso a información no pública.

Esta distinción es importante. Los contratos sobre acontecimientos permiten a los usuarios tomar posiciones sobre resultados que abarcan desde elecciones y datos económicos hasta acontecimientos empresariales, deportes y geopolítica. Para la mayoría de los participantes, se trata simplemente de operaciones especulativas. Sin embargo, para quienes trabajan en bancos, empresas cotizadas o instituciones públicas, estos mismos contratos plantean una cuestión mucho más compleja: ¿dónde termina el juicio fundamentado y dónde empieza el conocimiento privilegiado?

Goldman Sachs traza una línea en torno a las finanzas y la política

La política más clara hasta el momento es la de Goldman Sachs. Según diversas informaciones, el banco ha comunicado a sus empleados que no deben negociar contratos sobre acontecimientos vinculados a los mercados financieros o a acontecimientos políticos cuando ello pueda generar un conflicto de intereses, real o percibido, con Goldman, sus clientes o el sistema financiero en general. La referencia a los conflictos percibidos es especialmente significativa. Un banco no necesita pruebas de una conducta indebida para sufrir un perjuicio reputacional. Basta con que exista la apariencia de que un empleado pudo beneficiarse de información obtenida a través de su trabajo para socavar la confianza, especialmente cuando están implicados clientes, operaciones sensibles para el mercado o decisiones políticas.

Reuters, citando una información previa de Bloomberg News, señaló que las infracciones reiteradas podrían dar lugar a medidas disciplinarias, incluido el despido. Asimismo, los empleados podrían verse obligados a devolver los beneficios obtenidos mediante operaciones prohibidas.

Estos detalles no figuran en ningún comunicado público de Goldman Sachs. Proceden de fuentes conocedoras de las normas internas del banco, lo que significa que el alcance exacto de la política sigue siendo parcialmente desconocido para el público. Según estas informaciones, los contratos relacionados con acontecimientos deportivos y de entretenimiento no suelen estar incluidos en las restricciones de Goldman. No obstante, esta excepción no debe extrapolarse a otros bancos, cuyas normas están redactadas de forma diferente.

No existe una política única en Wall Street

JPMorgan Chase ha adoptado un enfoque más basado en principios. Su código de conducta ya prohíbe a los empleados operar utilizando información confidencial o no pública, y esa norma también se aplica a los mercados de predicción.

Bank of America ha identificado un conjunto más limitado de categorías. Sus empleados tienen prohibido negociar determinados contratos vinculados a empresas concretas, acontecimientos macroeconómicos y servicios financieros. Un portavoz confirmó que el banco había actualizado sus directrices para aclarar qué actividades están prohibidas.

Morgan Stanley también aborda los mercados de predicción en la sección de su código dedicada a las inversiones y operaciones personales de los empleados, aunque no ha hecho públicos los detalles. Citigroup declinó hacer comentarios. En conjunto, estas medidas no apuntan a una prohibición coordinada en Wall Street. Más bien reflejan un proceso gradual por el que los bancos están extendiendo los estándares tradicionales de cumplimiento normativo a una categoría de productos que hasta ahora no encajaba claramente en las normas convencionales sobre operaciones personales.

Una vía distinta para obtener beneficios a partir de información sensible

Los contratos sobre acontecimientos no son nuevos. Llevan más de dos décadas disponibles en mercados regulados de Estados Unidos. Lo que ha cambiado es su escala, visibilidad y accesibilidad, impulsadas en parte por el auge de plataformas como Kalshi y Polymarket. La mayoría se estructuran en torno a una pregunta binaria. El contrato se liquida en función de si un acontecimiento se produce o no, con posiciones de “Sí” y “No” cuyo precio refleja, en términos generales, la probabilidad que el mercado asigna al resultado.

El formato es sencillo. Sus implicaciones desde el punto de vista del cumplimiento normativo, no. Un contrato puede utilizarse para cubrir riesgos, expresar una previsión o adoptar una posición especulativa. Sin embargo, esa misma estructura también puede ofrecer una vía para obtener beneficios a partir de información que aún no se ha hecho pública.

Un empleado de un banco puede tener conocimiento de una operación pendiente, de un dato económico aún no publicado o de una decisión relacionada con un cliente. Nada de ello exige que compre o venda directamente acciones o bonos de esa empresa. Esa información podría utilizarse, en cambio, para operar con un contrato vinculado al acontecimiento previsto. Esa es la preocupación que impulsa estas restricciones internas. Los mercados de predicción pueden ofrecer un nuevo formato de producto, pero el riesgo de fondo es bien conocido: que una persona con acceso privilegiado encuentre una nueva forma de rentabilizar esa información.

Los casos de la CFTC ponen el foco sobre el problema

En mayo de 2026, la Comisión de Negociación de Futuros de Productos Básicos (CFTC) presentó una demanda civil contra Michele Spagnuolo, un ingeniero de software de Google con sede en Suiza.

El regulador sostiene que Spagnuolo utilizó información sensible y no pública relacionada con la clasificación “Year in Search 2025” de Google para negociar al menos 23 contratos en Polymarket. Operando bajo el nombre de “AlphaRaccoon”, supuestamente obtuvo unos beneficios de alrededor de 1,2 millones de dólares con una precisión casi perfecta.

El caso llegó después de otra actuación de la CFTC en abril contra un miembro en activo de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos. El regulador sostiene que el individuo utilizó información clasificada sobre una operación para capturar a Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores.

Según la demanda, el militar adquirió más de 436.000 posiciones de “Sí” en un contrato de Polymarket que preguntaba si Maduro abandonaría el poder antes del 31 de enero de 2026. Estas operaciones supuestamente generaron más de 404.000 dólares en beneficios. La CFTC calificó el asunto como el primer caso de uso de información privilegiada relacionado con contratos sobre acontecimientos presentado por el organismo. También en este caso, las acusaciones aún no han sido resueltas de forma definitiva.

Disponer de mejor información no implica automáticamente el uso de información privilegiada

La CFTC ha dejado claro que los mercados de predicción no quedan al margen de la legislación sobre el uso de información privilegiada.

David Miller, director de la División de Cumplimiento, ha señalado que el uso de información relevante no pública puede vulnerar la Ley de Intercambio de Materias Primas y la normativa federal contra el fraude cuando dicha información ha sido obtenida de forma indebida o utilizada incumpliendo un deber de confianza o confidencialidad.

Esta distinción jurídica es importante. Un operador no actúa de forma ilícita simplemente por disponer de mejor información o realizar una previsión más acertada que el resto del mercado. La cuestión fundamental es cómo se obtuvo esa información y si su utilización vulneró una obligación con un empleador, un cliente, un organismo público o cualquier otra fuente. Sin embargo, para los bancos este criterio jurídico puede ofrecer un consuelo limitado. Una vez realizada una operación, puede resultar difícil determinar si un empleado actuó basándose en análisis públicos, en su experiencia profesional o en conocimientos adquiridos a través de su trabajo. Por ello, las restricciones preventivas son más fáciles de gestionar. En lugar de investigar la intención tras cada operación controvertida, las entidades pueden prohibir a sus empleados operar en las categorías consideradas de mayor riesgo.

Las plataformas avanzan hacia controles más estrictos

La presión no se limita a los empleadores. Los operadores de mercados de predicción también están reforzando sus sistemas de cumplimiento normativo. En junio de 2026, Kalshi anunció que los usuarios que negocien determinados contratos sensibles deberán revelar su profesión. Asimismo, introdujo evaluaciones de riesgo que tienen en cuenta factores como la información corporativa, el lanzamiento de productos, la seguridad nacional y la posibilidad de que un operador pueda influir en el resultado del acontecimiento subyacente.

La dirección es clara. Las comprobaciones habituales de verificación de identidad del cliente (KYC) pueden dejar de ser suficientes. Cada vez será más necesario que las plataformas conozcan no solo la identidad del usuario, sino también dónde trabaja, si guarda alguna relación con el acontecimiento sobre el que opera y si su actividad sugiere acceso a información no disponible para el mercado.

Esto podría transformar el aspecto comercial del sector. El cumplimiento normativo empieza a dejar de ser una obligación administrativa para convertirse en un elemento diferenciador desde el punto de vista competitivo. Los proveedores tecnológicos podrían registrar una mayor demanda de herramientas que combinen verificación de identidad, datos laborales, listas de personas restringidas, supervisión del comportamiento y análisis de transacciones en tiempo real. Los operadores capaces de demostrar unos sistemas de vigilancia sólidos podrían encontrar más fácil establecer relaciones con entidades bancarias, atraer inversión institucional y ampliar sus canales de distribución.

La regulación estadounidense sigue en construcción

El marco regulatorio general continúa evolucionando. El 4 de febrero de 2026, la CFTC retiró su propuesta de 2024 sobre los contratos relativos a acontecimientos. Un mes después, el 12 de marzo, abrió una nueva consulta pública sobre los mercados de predicción, que aborda, entre otras cuestiones, el riesgo de manipulación y las categorías de contratos que podrían ser contrarias al interés público.

Una propuesta más específica llegó el 10 de junio. Esta plantea modificar la Regulación 40.11 para abarcar los contratos relacionados con terrorismo, asesinatos, guerras, juegos de azar y actividades prohibidas por la legislación federal o estatal. La propuesta contempla un proceso de revisión de 90 días y una evaluación caso por caso. Aún no se trata de una norma definitiva. Para operadores e inversores, esta incertidumbre es relevante. El marco regulatorio que finalmente se adopte determinará qué contratos podrán cotizar, cómo deberán supervisarlos las bolsas y dónde se situará la frontera entre los derivados regulados y los productos de juego.

Los mercados de predicción entran en una etapa más exigente

Las normas de conducta actualizadas adoptadas por los principales bancos no suponen un rechazo a los mercados de predicción. Tampoco representan un intento de expulsarlos del panorama financiero. Más bien, evidencian que el sector ha adquirido un tamaño, una visibilidad y una vinculación con información sensible para los mercados demasiado importantes como para permanecer al margen de las estructuras formales de cumplimiento normativo.

Wall Street intenta definir dónde termina la actividad privada de un empleado y dónde comienza el riesgo para la institución. No siempre será fácil trazar esa línea, especialmente a medida que los mercados de predicción amplían su alcance hacia la política, la economía, el deporte y los acontecimientos corporativos.

Para los operadores, el reto ya no consiste únicamente en atraer un mayor volumen de actividad o incorporar más contratos. También deberán demostrar que ese crecimiento va acompañado de mecanismos de supervisión creíbles, controles eficaces de los conflictos de intereses y salvaguardias frente al uso indebido de información.

Los mercados de predicción están entrando en una fase de mayor madurez. Su valor puede residir en transformar las expectativas colectivas en precios, pero su legitimidad a largo plazo dependerá de su capacidad para proteger el mercado frente a quienes disponen de más información, no porque hagan mejores previsiones, sino porque su trabajo les ha proporcionado una ventaja injusta.

Este artículo se publicó por primera vez en la edición de SiGMA News en italiano el 13 de julio de 2026.

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