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BOS advierte que Suecia está perdiendo terreno en la canalización del juego

Garance Limouzy
Escrito por Garance Limouzy
Traducido por Milagros Codo

Cuando Suecia volvió a regular su mercado del juego en 2019, el objetivo era claro: integrar el juego en un sistema controlado y sujeto a impuestos con sólidas garantías para el consumidor. Siete años después, el país sigue intentando adaptarse a una realidad básica de internet y, según la industria del juego en línea, está perdiendo terreno.

“La canalización es la madre de todos los demás desafíos”, dijo Gustaf Hoffstedt a SiGMA News. “Sin ninguna duda, es el reto más importante en Suecia y en otros países”.

Hoffstedt, exmiembro del Parlamento sueco, dirige BOS, la Asociación Sueca del Comercio del Juego en Línea, desde 2015. La organización representa a 19 operadores y proveedores de juego con licencia. “La idea detrás de la asociación es hablar con una sola voz”, explicó, de cara a los políticos, el regulador y otros ámbitos de la sociedad civil sueca.

Esa voz se ha hecho más fuerte en los últimos meses, a medida que Suecia se prepara para cambiar el alcance de su Ley del Juego. A partir del 1 de enero de 2027, se espera que el país pase de aplicar las normas solo contra operadores que se dirigen activamente a Suecia (criterio de dirección) a un enfoque más amplio basado en la ubicación de los jugadores, lo que facilitaría actuar contra sitios en el extranjero utilizados por residentes suecos (criterio de participación).

Hoffstedt apoya el cambio, pero sostiene que es solo parte de la solución. A su juicio, los políticos de toda Europa siguen recurriendo a la misma herramienta: restricciones más duras, sanciones más severas y mayores costes para las empresas con licencia, sin conseguir que el mercado legal sea lo suficientemente competitivo como para retener a los consumidores.

La ilusión del control

Para Hoffstedt, los problemas de Suecia no son solo un fallo regulatorio, sino también filosófico. Los legisladores, argumenta, siguen intentando controlar el comportamiento de los consumidores mediante prohibiciones, bloqueos y restricciones, en lugar de aceptar que, al final, los jugadores toman sus propias decisiones en internet. “Vivimos en democracias maduras”, señaló durante la entrevista. “¿De verdad queremos que el gobierno limite nuestro acceso a internet?”.

El problema de levantar muros digitales, según Hoffstedt, es que rara vez funcionan. “El consumidor siempre, siempre encontrará la forma de eludir las medidas restrictivas si considera que el mercado del juego es más atractivo en otro lugar”, afirmó. En otras palabras, cuando las opciones legales pierden atractivo, los jugadores no dejan de apostar: simplemente se trasladan a otros sitios.

Una ley que hizo que la licencia fuera “más o menos voluntaria”

El problema, explicó Hoffstedt, estaba integrado desde el principio. En el marco actual, argumentó, “no es ilegal aceptar clientes de Suecia, siempre que se evite utilizar el idioma sueco y la moneda sueca, la corona”.

Eso no supone una barrera real en un país con un alto dominio del inglés y una familiaridad extendida con el euro. “Somos un país bastante pequeño y, como resultado, hablamos y entendemos bien el inglés”, dijo. “También estamos bastante acostumbrados a usar el euro como moneda, así que eso tampoco es una barrera”.

El resultado, señaló, es que “para los operadores ha sido más o menos voluntario tener o no una licencia nacional”, algo que calificó de “catastrófico a la hora de proteger el mercado del juego con licencia”.

La reforma que se avecina, cree, podría empezar a cambiar los incentivos, pero solo si Suecia está dispuesta a aplicarla de verdad. “La aplicación es clave aquí”, afirmó. “Realmente no importa que tengamos una ley si al fiscal no le interesa aplicarla”.

Planteó una prueba directa para comprobar si el nuevo sistema tendrá efecto. “Si los operadores sin licencia, y por tanto ilegales, entienden que ofrecer servicios a clientes suecos puede suponer acabar en la cárcel al aterrizar en el aeropuerto de Estocolmo”, dijo, “con la policía allí para hacer cumplir la ley, la historia sería distinta”.

Incluso así, advirtió, Suecia está demasiado centrada en levantar barreras en lugar de construir atractivo. Los legisladores, afirmó, siguen recurriendo a “medidas represivas”, “castigos más o menos”, como el “bloqueo de pagos, el bloqueo por parte de los proveedores de internet, el bloqueo DNS” y, ahora, el criterio de participación.

La lógica, sostuvo, es siempre la misma: “crear el muro entre el mercado con licencia y el mercado sin licencia”. Pero, añadió, “si la jurisdicción fracasa a la hora de crear un mercado del juego atractivo en el lado licenciado, ese muro no se sostendrá”.

En Suecia, aseguró, la magnitud de la fuga ya es grave. “Estamos perdiendo aproximadamente el 30% de nuestro mercado del juego hacia el mercado sin licencia”, dijo, y añadió que otros mercados europeos también están teniendo dificultades, con algunos reguladores informando de cuotas ilegales incluso mayores.

Impuestos, bonos y la batalla por la publicidad

El debate sobre cómo hacer “atractivo” el mercado sueco con licencia choca ahora con otra disputa política: la fiscalidad.

Suecia elevó el impuesto sobre el juego del 18% al 22% en 2024. Más recientemente, se ha abierto un nuevo enfrentamiento entre los operadores en línea y ATG, el operador de apuestas hípicas, sobre si Suecia debería diferenciar los tipos impositivos por producto. Aunque ATG no es un monopolio en teoría, ya que cualquier operador con licencia puede gestionar su propio pool de apuestas hípicas, ha sido el actor dominante desde 1974, mientras que los competidores solo pueden ofrecer pools hípicos desde 2019. Esta ventaja histórica hace que la mayoría de los apostantes sigan recurriendo a ATG, convirtiéndolo en un monopolio de facto, explicó Hoffstedt. ATG ha estado presionando para aplicar un impuesto más alto al juego en línea combinado con un tipo efectivo más bajo para las carreras de caballos.

Hoffstedt ha situado a BOS firmemente en contra de esa idea, advirtiendo de que elevar los costes en los productos donde la canalización ya es débil corre el riesgo de empujar a más consumidores hacia el exterior. En la entrevista, volvió repetidamente a la idea de que Suecia no puede permitirse errores de política mientras su cuota con licencia siga siendo frágil.

“Por supuesto que es un problema”, dijo sobre la presión fiscal, aunque insistió en que no es decisiva por sí sola. “Si Suecia hiciera todo bien excepto el nivel impositivo, entonces Suecia estaría bien”. Dinamarca, sostuvo, lo demuestra. “Dinamarca está en el 28% frente al 22%”, dijo. “Pero Dinamarca ha hecho todo lo demás a la perfección, así que puede permitirse un nivel impositivo más alto”.

Suecia no puede, afirmó, porque partía de una base más baja. “La canalización está por los suelos en Suecia”, dijo. “Tenemos un objetivo fijado por el gobierno de alcanzar al menos el 90% y estamos muy lejos de conseguirlo”.

Otro punto de presión es la publicidad y el creciente choque entre BOS y el operador estatal Svenska Spel. Svenska Spel ha planteado un paquete de “18 puntos” con ideas de protección al consumidor, algunas de las cuales Hoffstedt apoya. “Algunas de las propuestas son realmente buenas”, dijo. “También son lo que llamamos fruta al alcance de la mano”, medidas relativamente poco controvertidas que tendrían un impacto limitado.

Pero acusó a Svenska Spel de impulsar políticas que reforzarían su propia posición. Svenska Spel ha defendido la clasificación del riesgo por producto, lo que, según Hoffstedt, etiquetaría a las loterías como de bajo riesgo y a los casinos en línea como peligrosos, para después justificar restricciones publicitarias más duras en el mercado competitivo.

“Si Svenska Spel logra imponer una prohibición de la publicidad del juego en el mercado competitivo, entonces tendría, en la práctica, un monopolio publicitario”, afirmó. “Eso, por supuesto, sería extremadamente tentador para ellos”.

Hoffstedt también cuestionó la suposición habitual de que restringir la publicidad reduce el daño. “No vemos esa relación”, dijo, en referencia a la revisión de BOS sobre la evidencia entre publicidad y adicción. “Y si no existe un vínculo entre la adicción al juego y la publicidad del juego, ¿cuál es el propósito de imponer más restricciones?”.

Sostuvo que la publicidad es central para la canalización: “La publicidad es quizá la herramienta número uno para que los operadores con licencia atraigan a los consumidores hacia el mercado del juego con licencia”. Sin ella, dijo, resulta “muy, muy difícil que los consumidores elijan a un operador con licencia”.

Señaló a Italia como advertencia. “Italia ha tenido una prohibición total de la publicidad del juego”, dijo. Aun así, los resultados de búsqueda siguen devolviendo “cientos de sugerencias sobre dónde apostar”, señaló, “y hay algo que todas tienen en común: que todas son operadores sin licencia”.

Más allá de los impuestos y la publicidad, Hoffstedt argumentó que los reguladores avanzan con demasiada lentitud en cuestiones de producto, incluido el estatus poco claro de los “juegos crash”, un formato de rápido crecimiento popular en otros puntos de Europa. “No sabemos si los juegos crash están prohibidos o no en el mercado sueco del juego; es una zona gris”, dijo. Sin embargo, “el mercado sin licencia ha ofrecido juegos crash desde el primer día”, añadió, mientras que los operadores con licencia “todavía no ofrecen juegos crash”.

A su juicio, ese patrón se extiende a formatos emergentes como los mercados de predicción. “Si existe demanda y esa demanda no se cubre en el mercado legal, los consumidores acudirán obviamente al mercado ilegal”, afirmó, instando a Suecia a “actuar con rapidez e incluir nuevos elementos de juego para los que exista demanda”.

El escurridizo “Santo Grial” europeo

Preguntado por si Europa podría armonizar algún día las normas del juego, Hoffstedt no dudó. “Esa armonización es el Santo Grial para el mercado del juego”, dijo. “Estoy muy a favor de ello”.

Pero añadió: “No lo veo llegar, al menos no en un futuro cercano”, argumentando que los gobiernos prefieren mantener el control y, en muchos países, tienen intereses financieros en operadores nacionales.

Para Suecia, eso significa que la batalla seguirá siendo nacional: cómo aumentar la canalización sin ahuyentar a los jugadores; cómo endurecer la aplicación de la ley sin convertir internet en un campo de batalla; y cómo vender la “protección al consumidor” cuando, como lo expresó Hoffstedt, “la protección al consumidor no vale absolutamente nada si los consumidores no están presentes”.

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