El presidente Lula da Silva ha intensificado el debate sobre el juego en Brasil tras afirmar que apoyaría el cierre del mercado de apuestas de cuota fija del país, al considerar que la expansión de las apuestas en línea es un problema social que está empujando a las familias a endeudarse más.
En una entrevista con el medio brasileño ICL Notícias, Lula afirmó que, si dependiera de él, las apuestas estarían prohibidas en Brasil, aunque reconoció que cualquier decisión en ese sentido dependería del respaldo del Congreso. Según informó Agência Brasil, añadió que Brasil no puede continuar con lo que calificó como “el crecimiento descontrolado de las apuestas en línea”.
Desde enero de 2025, Brasil ha abierto un mercado federal regulado de apuestas de cuota fija, y los operadores autorizados pueden ofrecer servicios en todo el país bajo la supervisión de la Secretaría de Premios y Apuestas del Ministerio de Hacienda. Este marco se introdujo para someter a control formal un mercado que anteriormente operaba con una supervisión limitada.
La intervención de Lula pone ahora de manifiesto una contradicción política en el centro de ese marco: mientras Brasilia ha dedicado más de un año a desarrollar normas de licencias, cumplimiento y fiscalidad, el presidente cuestiona abiertamente si el sector debería existir.
La lógica de Lula
Lula planteó la cuestión como un problema de salud pública. Según Agência Brasil, vinculó la expansión de las apuestas en línea con el aumento del endeudamiento y advirtió sobre los daños derivados de la adicción al juego, señalando que conoce casos de personas que han perdido coches, viviendas e incluso la vida.
También comparó la situación con las restricciones históricas al juego tradicional en Brasil. Durante décadas, los casinos y otros juegos de azar quedaron fuera del ámbito legal. Ahora, según Lula, el teléfono ha llevado el casino al hogar, incluso a menores que utilizan dispositivos de sus padres.
El presidente también afirmó que el sector tiene una fuerte influencia en Brasilia y financia a legisladores y partidos políticos, sugiriendo que cualquier intento de cambiar el rumbo se enfrentaría a resistencia política.
Un mercado que aún está en desarrollo
El momento resulta delicado para un Gobierno que ya ha invertido capital político en regular el sector en lugar de prohibirlo. El actual régimen legal de Brasil se basa en las apuestas de cuota fija, autorizadas por primera vez en 2018 y posteriormente ampliadas y reguladas bajo la administración de Lula mediante la ley de 2023 que estableció el marco moderno.
Este sistema se diseñó para someter a los operadores a supervisión formal: otorgar licencias, aplicar impuestos y exigir el cumplimiento de normas en materia de publicidad, pagos y protección del usuario. También ha contribuido a generar una nueva fuente de ingresos para el Estado. Según Agência Brasil, los impuestos sobre las apuestas en línea y el juego generaron 2.500 millones de reales brasileños (500 millones de dólares) solo en enero y febrero de este año.
Las declaraciones de Lula llegan en un momento sensible, con el Tribunal Supremo Federal de Brasil previsto para pronunciarse este mes sobre si el país puede seguir penalizando los juegos de azar en general bajo una prohibición que se remonta a la década de 1940.
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