Casi la mitad de las personas que trabajan en la industria del iGaming no juegan, y aun así casi tres cuartas partes afirman sentirse orgullosos y orgullosas de trabajar en el sector.
Ese fue el resultado más llamativo de una serie de encuestas recientes en LinkedIn realizadas por Glenn Debattista, director de operaciones de BetStarters y experto del sector, cuyo perfil reúne uno de los mayores seguimientos de iGaming en Malta.
A primera vista, las cifras parecen contradictorias. En realidad, apuntan a algo más estructural. El iGaming ya no está impulsado principalmente por entusiastas; se encuentra plenamente en su fase profesional.
Para una cantidad de empleados que va en aumeto, trabajar en la industria del iGaming se parece menos a unirse a una banda y más a incorporarse a una empresa tecnológica. El carácter cultural que antes definía al sector ha ido dando paso gradualmente a la escala, el cumplimiento normativo y trayectorias profesionales más estructuradas.


Tomados en conjunto, los resultados apuntan a una fuerza laboral que, en general, se siente orgullosa de su industria, aunque en gran medida está desvinculada del consumo de su producto principal.
En la mayoría de las industrias del entretenimiento, esa separación se consideraría un problema. Los desarrolladores de videojuegos suelen jugar a videojuegos. Los empleados de empresas de streaming tienden a ver series. Los profesionales del marketing deportivo suelen ser aficionados mucho antes de convertirse en profesionales.
En el iGaming, el orgullo y la participación parecen funcionar de forma independiente. Se puede construir la máquina sin querer sentarse dentro de ella, porque la satisfacción proviene de hacer bien el trabajo, no necesariamente de usar el producto de forma personal.

Si esto importa o no depende del puesto, afirma Debattista.
“Alguien que trabaja en recursos humanos o en administración no necesita realmente apostar para entender al usuario. En cambio, quienes trabajan en el producto o en funciones que requieren comprender la mentalidad del consumidor se beneficiarían de ponerse en su lugar. No es un requisito, pero sería beneficioso”.
Reflexionando sobre su etapa en el trading de casas de apuestas deportivas, añade:
“Cuando trabajaba en el departamento de trading de casas de apuestas, apostar en deportes me ayudaba a entender ciertos patrones o anticipar determinadas apuestas que se iban a realizar. Y los mejores usuarios de esas empresas eran los que realmente apostaban”.
¿Demasiado formados para ser clientes?
Las razones que la gente da para no apostar son tan interesantes como el propio comportamiento. Según la encuesta, el 33 % dijo que lo evita porque conoce demasiado bien las matemáticas. Otro 31 % afirmó que lo ve únicamente como trabajo. Solo una pequeña minoría mencionó preocupaciones personales o éticas.

A simple vista, parece que una vez que se entiende cómo funcionan los números, el atractivo desaparece. Cuando se ven los márgenes, las probabilidades y cómo está estructurado el sistema, deja de parecer misterioso. Se convierte en un modelo de negocio.
Pero LinkedIn sigue siendo LinkedIn.
Decir que “conoces demasiado bien las matemáticas” es la respuesta más segura. Suena racional y evita parecer crítico o desinteresado. Admitir que apostar simplemente no te atrae, o que te genera cierta incomodidad, es otro tipo de declaración cuando tu carrera está dentro de la industria.
Eso no significa que la explicación matemática no sea cierta. Para muchas personas, comprender la estructura realmente cambia la forma en que lo ven. Pero probablemente tampoco sea toda la historia.
Sea cual sea la mezcla de razones, el resultado es claro: una gran parte de la fuerza laboral decide no interactuar con el producto que construye, algo que da pistas sobre el momento en el que se encuentra la industria.
Una carrera profesional que no es una vocación
Los datos sobre la antigüedad refuerzan ese cambio. Más del 85% de los encuestados lleva más de tres años trabajando en el iGaming, y más de un tercio lleva más de una década en el sector.

No se trata de una fuerza laboral pasajera que experimenta con un sector novedoso. Es un ecosistema profesional.
Casi el 34% afirmó que entró en la industria por un interés genuino en el propio sector. La progresión profesional y el salario fueron motivaciones más fuertes, mientras que la reubicación desempeñó un papel comparativamente menor.

Si embargo, el 34% no es una cifra insignificante. En una industria donde casi la mitad de los profesionales no utiliza el producto, el hecho de que uno de cada tres haya llegado por interés sugiere que la curiosidad sigue importando.
Ese interés, sin embargo, no se traduce necesariamente en amor por el juego. Puede reflejar interés por la mecánica del trading, la complejidad regulatoria, la estrategia de producto o la escala del propio ecosistema.
Cuando se le pregunta si cree que la industria se ha vuelto más profesional y menos impulsada por la pasión, Debattista afirma que ha evolucionado.
“En el pasado, cuando me incorporé a esta industria, los salarios eran mucho más bajos y entrar en el sector del iGaming era algo emocionante. Había un elemento de curiosidad en comparación con los puestos más tradicionales, especialmente para quienes seguían el deporte o jugaban a juegos de casino. Hoy en día, incluso personas que no siguen el deporte ni juegan a estos juegos quieren entrar en esta industria, principalmente porque los salarios son altos y existe la oportunidad de construir una buena carrera profesional”.
El salario está por encima de la misión
El salario es el factor más fuerte que influye en si las personas se quedarían, seguido de la flexibilidad, mientras que el propósito aparece más abajo en la lista.

Eso no significa que las personas sean cínicas respecto a su trabajo. Refleja la realidad de que la industria ahora ofrece puestos estables, bien remunerados y con progresión clara. A medida que el iGaming ha crecido, se ha regulado y consolidado, ha dejado de ser una frontera para convertirse en una parte establecida de la economía digital. En ese entorno, la gente tiende a pensar en carreras a largo plazo más que en pertenecer a un movimiento.
Debattista afirma que observa claramente ese cambio entre los nuevos profesionales más jóvenes.
“La mayoría de los jóvenes con los que trabajo ni siquiera han hecho una apuesta o intentado entender cómo funciona el juego”, afirma.
Para muchos, el juego no es una pasión personal. Es simplemente la industria en la que trabajan.
El iGaming como ecosistema económico
El iGaming, especialmente en Malta, se ha convertido en una especie de ecosistema económico. La gente no entra en él porque le encante apostar. Entra porque ofrece empleos estables, bien remunerados y en inglés en áreas como tecnología, marketing, producto, cumplimiento normativo y contenidos. Y eso crea tres grupos psicológicos distintos dentro de la industria:
1. Los creyentes
Son la minoría. Disfrutan genuinamente del juego, la probabilidad, el riesgo y del propio producto. Suelen ser fundadores, traders, diseñadores de producto o pioneros tempranos. Su motivación proviene del interés intrínseco.
2. Los artesanos
Este es el grupo más grande. No les importa el juego en sí, pero les importa profundamente su oficio. Escritores que aman escribir. Diseñadores que aman diseñar. Ingenieros que disfrutan resolviendo problemas técnicos. El producto es incidental. Su satisfacción proviene de hacer bien su trabajo.
3. Los pragmáticos
Este es el grupo silencioso del que rara vez se habla abiertamente. Están allí porque paga bien, ofrece estabilidad y encaja con su vida. No aman el producto. Lo toleran. Su motivación es la seguridad, la autonomía y el estilo de vida.
De cultura a infraestructura
La tensión en el corazón de estas encuestas solo parece una contradicción si asumimos que el iGaming todavía debería parecerse a la subcultura que fue en sus inicios.
Lo que comenzó como una frontera impulsada por la curiosidad se ha convertido en un negocio global y regulado que emplea a miles de profesionales que quizá nunca hagan una apuesta. Ese cambio transforma el perfil de las personas que atrae. Los primeros años estuvieron marcados por la experimentación y el entusiasmo; hoy el sector ofrece carreras estables, roles definidos y progresión a largo plazo.
Casi la mitad de la fuerza laboral puede no apostar, y aun así la mayoría se siente orgullosa de trabajar en este espacio, y muchos han construido carreras significativas dentro de él. Eso no es tanto una contradicción como una señal de hasta dónde ha llegado la industria.
Hoy en día, la pregunta no es si los empleados aman el juego, sino si son capaces de construir y gestionar una industria que se ha vuelto más grande que el hobby que una vez la definió.
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